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NUEVAS Y SOFISTICADAS MUÑECAS INFLABLES

Por seis mil dólares –sin gastos de envío– se recibe en casa en algo parecido a un ataúd. Vienen con accesorios y diseños personalizados: tipos de cuerpo, rostros, tonalidades de piel, color de ojos, de uñas, labios, variedades de pelo (craneano y púbico). Hacen de todo y de un modo absolutamente higiénico, incluso expansivo. Tanto hacen que existe un mercado para clientes dados a la mutilación: son los que demandan caderas, rostros o pies. El desafío actual: que adquieran personalidad.
Hasta que a fines del siglo pasado, año del Señor 1996, un hombre, en California, produjo el milagro: las Real Doll.-“Empecé esculpiendo en arcilla y a escala pequeña –hace memoria Mathew McMullen, artista especializado en efectos especiales–. Cuando llegué al tamaño natural me di cuenta de que no quería una escultura rígida sino articulada como una persona.” McMullen puso los resultados de su experimento en la web, y enseguida empezó a recibir e-mails elogiosos de todas partes. Predeciblemente, no faltó el hombre que tipeó su mensaje con el sin uña: “Si yo puedo tener sexo con ella, te la compro”, parece ser que decía el e-mail decisivo.

La precede la dolorosa noticia en forma de resumen de cuentas: mientras que la muñeca inflable más completa no supera los 600 dólares, la Real Doll menos sofisticada no baja de los seis mil, sin contar los gastos de envío. Con accesorios y diseños personalizados, fácilmente se puede triplicar el importe. La compra, amenizada por un simulador online, se realiza mediante un detallado formulario, a la carta, por así decirlo. El menú ofrece varios tipos de cuerpo, rostros, tonalidades de piel y de color de ojos, además de color y tipo de uñas, labios y pelo (craneano y púbico). Por un sobreprecio, las muñecas abren y cierran los ojos, mueven los dedos, vienen con tatuajes de fábrica o incluso enriquecidas por lo que ostenta su hermanito Charlie, único modelo masculino.

Todas las Real Doll miden y pesan lo que una mujer de verdad y están provistas de tres “entradas”, de entre las cuales destaca la bucal por su fuerte “efecto succionador”. Explica McMullen, que las probó a todas: “Cuando ponés algo en una entrada de silicona se hace un vacío y se genera una capacidad de succión que una mujer real no podría dar. Si cerrás los ojos, la sensación que te da la silicona es mejor que the real thing.” Puesto que en eso acaba todo, tal vez no esté de más aclarar que las muñecas ofrecen una ventaja de primera magnitud: “No transmiten enfermedades venéreas”, vienen con un kit de limpieza.