La inminente decisión no es más que la aceptación municipal de situaciones que ya se producen, pues no es extraño ver parejas teniendo sexo al aire libre y a las cuales los agentes de policía no suelen molestar. Cuando lo hacen, se limitan a pedirles que resistan sus ardores amorosos y busquen otro lugar más discreto.
A pesar de esta liberalización de costumbres, se establecerán ciertas limitaciones: sólo se podrá practicar sexo de noche -de día se arriesgan a una multa- y, según el comunicado de prensa difundido por el ayuntamiento, "no podrán salir del perímetro de la rosaleda ni dejar basuras" (se entiende que preservativos), y tampoco se permitirán las relaciones sexuales en las zonas utilizadas durante el día para juegos infantiles.
El concejal de Urbanismo de Amsterdam, Paul Van Grieken, del partido ecologista, explicó ayer al diario belga De Standaard que el objetivo es concentrar el trabajo policial en las faltas que producen más molestias a los vecinos (como por ejemplo las personas que pasean con sus perros sueltos) y no en prevenir el sexo al aire libre, "que no molesta a nadie". (a nosotros, no. Claro)
En caso de que hagan mucho ruido podrán ser expulsados del parque. Lo que no ha explicado todavía el ayuntamiento es si la policía irá por el parque con un medidor de gemidos para vigilar que un exceso amoroso no sobrepase los niveles permitidos.
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